lunes, 2 de noviembre de 2009

EL ESCABADOR DE PIEDRAS



Aquella dia de finales de verano habiamos estado bañandonos hasta bien tarde y los rayos del sol comenzaban ligeramente a perder fuerza entre las timidas nubes del atardecer. Destellos blanquecinos,amarillos y naranjas se colaban por ese mosaico de algodones celestes que todavia calentaban el ambiente. Las sombras de las piedras de la playa dibujaban graciosos petroglifos en el suelo. Parecian divertidos animales esperando comida con la boca abierta; varitas magicas hechas de palos y un tapon abandonados por el agua o incluso albuna silueta de mujer tumaba de lado dibujando sus curvas sinuosas y su melena sobre el suelo.

Entonces llego este hombre, ese por el que en las dos ultimas veces habia sentido curiosidad. Sus andares eran lentos, pausados, como de felino andando sobre las puntas de las almohadillas de sus pies. Me llamaba la atencion su sigilo y cuidado.Algo no muy comun en un chico que segun imagine tendria mas o menos mi edad. Parecia como si desde lejos, tomase suficiente distancia como para saber cual era el sitio que eligiria para poner sus cosas.
Solia venir a ultimas horas de la tarde, supongo que cuando concluia su jornada de trabajo ya que rara vez le pude ver a otras horas de la mañana o del mediodia.

Sorprendentemente llego hasta donde estabamos mis amigos y yo y pregunto si el hueco del medio estaba libre.Y es que en otras ocasiones se ponia cerca de nuestro entorno ,pero no tan integrado en nuestro circulo.
Extendio su toalla naranja -budista sobre las piedras y lentamente comenzo a quitarse la ropa.

Me distraje mirando la estampa del atardecer como si quisiera atraparla en mi mente para rescatarla en mis oscuras y pesadas tardes de invierno y para cuando pude darme cuenta,este hombrecillo rubio de peinado con toque adolescente ya estaba camino de la orilla. Se acerco al agua como quien pide permiso y se adentro poco a poco mojandose cuidadosamente las piernas,los muslos,el torso,la espalda,los brazos, los hombros, el cuello y finalmente se zambullo en el agua.
Era como si se pasease por entre la marea alta de esa tarde.
Me dedique a seguir su baño y de nuevo me sorprendio su paseo por la mar.Si,habia oido comentar la forma de nadar de este misterioso hombre. Cada brazada era dada con pausa y certera tecnica,tanto de espaldas como a croll."Yo si nadase asi me hundiria",era el comentario general de algunos de nosostros y por fin yo tambien pude estar de acuerdo con ellos.
Un largo, otro, otro mas y lento-lento,como bailando y revolcandose sensualmente en brazos de la mar. Asi era la estampa que dibujaba a contraluz de esos ultimos calidos regalos del sol.

En su ausencia no pude evitar fijarme en lo que parecia un montoncito de desechos que se agrupaban en una esquina de su toalla. Al enfocar mejor pude observar lo que parecian un grupo de piedras de colores y tamaños diferentes.
Senti una curiosidad tremenda lo que paliaba intentando adivinar sus nombres.

Cuando salio del agua se sento alli y sin pensarmelo mucho le pregunte si podia verlas.Me sonrio y parecia satisfecho de que hubiesen despertado mi curiosidad. Me acerque entonces y con su permiso pude cogerlas entre mis manos.

Hablamos de la razon de llevarlas, de sus nombres, de lo que significaban para el ...y asi para cuando pude darme cuenta ya me habia cautivado su voz, su mirada y la piel de su cara.

Desde entonces el esta presente en mis sueños.

1 comentario:

mar dijo...

Andares lentos, pausados..., paseos en el mar con brazadas acompasadas en la calma después de una dura jornada laboral, muchas veces deberíamos practicar eso por el bien de nuestra salud mental y no somos capaces porque el nervio que llevamos dentro no nos lo permite.
Cuando nos lo aportan desde el otro lado puede llegar a ser el complemento que nos hace falta en nuestra vida.
Esos sirenos rubios que se mecen lentamente ante nuestros ojos y se toman las cosas con mucha calma ¿que es lo que piden a cambio?
Tu entrada me ha hecho pensar...
Un beso de Mar